
María Piedad
Puerta de Klinkert
La Crianza
Humanizada.
- Demuéstrele a su hijo que lo
ama, por lo menos una vez al día, pero demuéstreselo con sinceridad y de una
forma en que él pueda entenderlo. Así se sentirá digno de ser amado.
- Cuando su hijo le habla,
póngase a su altura y mírelo a los ojos con atención y dulzura. Con eso él
entenderá que a usted le interesa lo que él quiere decirle y se sentirá con
derecho a expresarse libremente.
- Cuando necesite corregir a
su hijo, déjele claro que rechaza su conducta, no a él como persona. Así se
dará cuenta de que usted lo acepta tal y como es y le ayudará a tomar
distancia ante la mala acción.
- Hágale saber con frecuencia
a su hijo que confía en él y en sus capacidades. Eso le servirá de motivación
para aprender a confiar en sí mismo.
- Cuando su hijo se enferma,
invierta tiempo en acompañarlo amorosamente y en escuchar sus quejas, no
solamente en suministrarle las medicinas. De esa manera aprenderá el valor y
el goce del autocuidado.
- No resuelva los pequeños
grandes problemas de su hijo. Ayúdele a encontrar y a ensayar varias
soluciones. De esa forma se fortalecerá su carácter y aprenderá que es capaz
de hacerle frente a la vida por sí mismo.
- Interesarse por cómo le fue
a su hijo hoy en la escuela es una forma valiosa de expresarle que lo ama,
pero es mucho mejor si además se interesa por cómo se ha sentido. Eso le ayuda
a sentirse reconocido como persona sensible.
- Dé a los sentimientos de su
hijo el reconocimiento y el valor que se merecen. Aunque a usted le parezcan
tonterías, para él son de gran importancia. Cuando usted respeta sus
sentimientos, él se siente con derecho a reconocerlos y a expresarlos, lo que
le ayuda a elaborarlos y a aceptarse como persona vulnerable sin sentir temor
por ello.
- Déjese involucrar con alguna
frecuencia en las iniciativas de su hijo y desarrolle con él pequeños
proyectos paso a paso. Eso estimula su creatividad y su liderazgo. Además, le
da la oportunidad de sentirse orgulloso de sí mismo y de sus logros.
- No tema decirle no, con
firmeza a su hijo. Pero cuando lo haga, explíquele por qué no, de manera
respetuosa y anímelo a buscar alternativas aceptables. Así se dará cuenta de
que su opinión cuenta, pero no es la única.
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